Es la enseñanza de este sapo, que se
hizo presente en la explanada del puesto Las Lajas, donde realizábamos un acto
Ecuménico. En un lugar desértico, a donde el agua se lleva en cisterna, donde
no se acumula por muchas horas ni a causa de fuertes lluvias. Un animalito del
agua, contra toda lógica tradicional, allí estuvo.
La enseñanza del sapo nos dice que,
si la lógica militar de la represión fue ocultar “para siempre” los cuerpos de
nuestros desaparecidos, hay otra lógica, la que guía los desafíos, las esperanzas,
el empecinamiento con que develamos lo oculto y vamos haciendo realidad lo
intangible.
Lo prohibido se desvaneció, el miedo
se deshizo, la impunidad se rompió en pedazos. Nuestros compañeros dejarán de
estar desaparecidos porque ese no fue nunca su proyecto, vamos a encontrarlos,
sacaremos a la luz la verdad que nos están gritando desde que fueron
asesinados. Es nuestro deber. Es nuestro sentimiento.
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